De acuerdo a los sociólogos, el aumento en las rupturas reflejan los cambios a los que China se enfrenta: más poderosa, más consumista, más urbanizada, más liberal. Las mujeres acceden a más información sobre sus derechos y tienen más posibilidades de dejar a maridos violentos, o infieles.

 

04/03/2005
China
El divorcio como plaga

Ante el notorio incremento de casos de divorcio en China, las autoridades de ese país están enviando cartas de “reconsideración” a las parejas que han iniciado los trámites para solicitarlo. El creciente número ha aumentado sostenidamente desde 1979, año en que se implementó la política de planificación familiar “Una pareja, un niño”. Durante 2004 el número de casos de divorcio llegó a aumentar en un 21%.

A lo largo de 2004 en China se divorciaron 1,6 millones de parejas, aseguran datos oficiales publicados en marzo de 2005 por el ministro de Asuntos Civiles (un incremento de casi 300.000 casos respecto al año 2003). Si bien la tasa global de divorcios es más baja que en Europa o Estados Unidas, el fenómeno tiende a incrementarse sostenidamente en este país.

El aumento de rupturas registrado el año pasado se atribuyó, principalmente, a la puesta en práctica de procedimientos más sencillos para contraer matrimonio y para divorciarse. En el pasado, para efectuar el contrato legal del matrimonio y su disolución (el divorcio) las parejas necesitaban un permiso especial otorgado por sus unidades de trabajo. En 1991, dos de cada cinco solicitudes de divorcio eran rechazadas, y las autoridades a cargo de dirimir el pedido podían estar hasta diez años cumpliendo con su obligación legal de mediar entre las parejas en conflicto.

Las condiciones actuales para obtener el divorcio son muy laxas. Con las nuevas reglas, las parejas pueden obtener rápidamente el divorcio en las oficinas de registro, sólo llevando sus certificados de matrimonio, sus documentos de identidad, permisos de residencia y una declaración conjunta que señale que ya no quieren continuar con el matrimonio. La duración del trámite se redujo de 30 días a entre 10 y 30 minutos y cuesta cerca de 1 dólar con veinte centavos.

La tasa promedio nacional de divorcios en China se ha ido incrementando de un 3% en 1970 al 13% en 2000. En Shangai las tasas de divorcio superan por el doble el estándar nacional. En publicaciones locales se han escrito notas de color sobre la pareja que se casó en la mañana y se divorció en la tarde, o la que se casó y divorció dos veces en un solo año.

De acuerdo a los sociólogos, el aumento en las rupturas reflejan los cambios a los que China se enfrenta: más poderosa, más consumista, más urbanizada, más liberal. Las mujeres acceden a más información sobre sus derechos y tienen más posibilidades de dejar a maridos violentos, o infieles.

Otra posible razón que se ensaya para explicar este fenómeno es que la generación que protagoniza la ola de divorcios es que primero creció en el seno familiar del hijo único. El perfil de esos hijos únicos, cuando viven en ciudades y gozan de una buena posición socioeconómica, es de personas generalmente consentidas, incapaces de hacer los sacrificios requeridos por el matrimonio (ver cuadro especial). En las zonas rurales divorciarse no es fácil para la mujer: esto determina la pérdida de los hijos menores de edad, de las tierras y los medios de producción.

Cuadro especial (publicado en “El mundo en línea” en mayo de 2003) Los niños perdidos de China

Obesidad, egoísmo y soltería forzosa, serían algunas de los rasgos que padecen los actuales niños y jóvenes chinos, hijos únicos consentidos de una generación que se vio obligada a reproducirse sólo una vez. Se estima que en los próximos veinte años 40 millones de hombres jóvenes chinos no podrán casarse ni concebir una familia, porque no habrá suficientes esposas para hacerlo. Estas son algunas de las consecuencias que enfrentan los niños y jóvenes nacidos luego de 1979, año de implementación en China de la política de planificación familiar “Una familia, un niño”.

Durante las décadas de 1960 y 70, el entonces presidente Mao Zedong (Mao Tse-tung) estimuló la conformación de familias numerosas, porque consideraba que una población pujante podría proveer la fuerza laboral fundamental para que el país se encaminara hacia la modernización. Sin embargo, a mediados de la década de 1970 se hizo evidente que esta teoría fallaba por lo menos en un punto: por cada par de manos de trabajo se sumaba una boca para alimentar. La escasez de alimentos y la superpoblación extendida a lo largo del país hizo que la infraestructura de China colapsara, y los gobernantes debieron tomar medidas para contener la explosión. En 1979 se lanzó el programa de planificación familiar “Una familia, un hijo”, con severas penalizaciones a quienes ignoraran la norma del hijo único (en áreas rurales se permitía un segundo hijo si la primera era mujer, para que ayudara en las faenas del campo; a ciertas minorías étnicas se les permitía tener hasta tres hijos).

Los padres chinos de hoy en día tienen varios hermanos, pero no tienen más de dos hijos. En áreas urbanas, la política del hijo único es estrictamente cumplida: en caso contrario, a los hijos “excedentes” se les puede negar atención médica y educación gratuitos. Los padres pueden ser multados por una cantidad equivalente a diez años de sueldos e incluso pueden perder sus trabajos. El cumplimiento de la ley tiende a ser más laxo en áreas rurales, donde se precisan más trabajadores para asegurar una temporada de cultivos buena y una cosecha exitosa. Las familias que no pueden afrontar las multas sienten una fuerte presión social y económica para hacer abortar a sus hijas (a través de aparatos de ultrasonido), las abandonan -y muchas veces las condenan a la muerte por negligencia-, o, con mejor suerte, las dejan en un orfanato, donde serán criadas o lograran emigrar, adoptadas por parejas de extranjeros. De acuerdo a datos revelados por la CIA, ya en 1996 el índice de natalidad de China se había estabilizado en 1,7%. El índice actual de natalidad es de 1,82 hijos por mujer. La superpoblación descontrolada terminó hace más de 20 años.

Ahora, la política del hijo único ha creado un escenario distinto: el número de mujeres por hombres ha disminuido notablemente: nacen 116,9 niños cada 100 niñas, mientras la media registrada en todos los países es de 105-106 varones cada 100 niñas. Las consecuencias de la desigual población masculina y femenina en China son graves, y apenas muestran su verdadero alcance. Este programa ha generado una transformación en la estructura familiar de la nación.

Hijos únicos consentidos

De acuerdo a un estudio publicado en 1995 por Strom y Strom (“La pequeña familia en China”) en la Revista Internacional de la Infancia, en la actualidad los padres y madres de China tienden a pensar que deben sacrificar su felicidad personal por el bien común, al concebir familias tan diferentes de las que les dieron crianza a ellos. De acuerdo a los investigadores, las encuestas revelan que el 75% de las parejas urbanas entrevistadas preferirían tener dos hijos antes que el forzado único hijo. La política del hijo único redujo dramáticamente el número de nacimientos en China. Las familias chinas fueron tradicionalmente grandes. Según el informe, es muy común la percepción de que el único hijo está solo y que carece de oportunidades para interactuar socialmente. Esta inquietud parece ser bien fundada, de acuerdo a los analistas que detectan, en China, el “síndrome 4-2-1”: cuatro abuelos y dos padres extremadamente indulgentes y sobreprotectores dedicando su tiempo, expectativas e ilusiones en una “generación emergente de niños malcriados, perezosos, egoístas, egocéntricos y obesos” (D. Dean, julio de 1992, “Los pequeños emperadores”, Los Angeles Times Magazine). La obesidad y los problemas de conducta que padecen los hijos únicos de China se suman a otro factor desencadenado por la sobrepoblación masculina: la escasez de mujeres jóvenes provoca, en la actualidad, una situación de soltería forzosa en los hombres, el aumento de la prostitución y el tráfico de novias.

Alimentación: la lactancia prolongada y la obesidad

Si bien en varias partes del mundo la disminución de los índices de fecundidad y la emancipación femenina de su tradicional papel de ama de casa y las oportunidades laborales fuera del hogar -además de los populares sustitutos alimenticios de la leche materna- han conspirado contra la práctica tradicional de dar el pecho a los niños durante un período prolongado, las madres chinas no han perdido el hábito. Según un estudio realizado por el Dr. Zeng Yi, subdirector del Instituto de Investigaciones Demográficas de la Universidad de Beijing, las madres chinas suelen dar el pecho a sus niños por períodos que se extienden más allá de los dos años, especialmente en áreas rurales. Este aumento del tiempo de lactancia estaría absolutamente vinculado con la declinación en la fecundidad: las mujeres chinas tienden a amamantar a su último hijo por tiempo más prolongado. La política de un hijo por familia ha tenido el efecto inesperado de extender los períodos tradicionales de alimentación.

La lactancia prolongada no incidiría tanto en el problema de sobrepeso que sufre, de acuerdo a datos que publicaba en 2000 el periódico China Daily, entre el 5 y el 10% de hijos únicos chinos, como el consentimiento de que son objeto los menores, que crecen siendo foco de atención y expectativas de padre, madre y cuatro abuelos. Según un artículo publicado en la revista digital Salon por Jack Boulware, el creciente número de niños obesos podría enfrentar, en un futuro, una sexualidad con dificultades. De acuerdo al periódico chino, el porcentaje de obesos podría duplicarse en los próximos diez años. El consumo excesivo de calorías y la falta de ejercicio podría ocasionar, en estos niños, un daño permanente en sus vidas sexuales, dado el desarrollo anormal de sus órganos.

Los depósitos de grasa que se acumulan en los cuerpos de los niños de entre 7 y 12 años podrían retardar el desarrollo de sus órganos sexuales, advierte Li Jiqi, profesor de la Universidad de Ciencias Médicas de Harbin (HMSU), en el norte de China. En los casos más graves, algunos de los niños podrían eventualmente tener dificultades para llevar una vida sexual normal y hasta podrían volverse estériles. El profesor de HMSU Bai Qingzhi agrega que los niños que pesen 20% más de lo normal podrían ser considerados obesos, y con frecuencia el peso de los niños chinos se sitúa en más del 50% del peso promedio para su edad. Los doctores y nutricionistas advierten que la obesidad conduce a una variedad de problemas de salud, incluyendo alta presión arterial, enfermedades cardiovasculares y diabetes. Según Li, las enfermedades vinculadas a la obesidad ocurren en 90% de los niños con sobrepeso y 50% de las niñas.

Ge Keyou, director general del Instituto de Nutrición de China, señalaba en el artículo publicado por Salon que, más allá de las advertencias de especialistas de la salud, será difícil que una población que mantiene la fuerte creencia de que es una fortuna tener un bebé gordo tome conciencia del peligro que corre la infancia obesa en el país. Analistas opinan que el número creciente de niños y adolescentes obesos podrían significar la primera amenaza sanitaria para China en el siglo XXI. Desde 2002, sin embargo, en Asia cunde el flagelo de la SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Severo), o neumonía atípica.

Chicos de su casa

Un elemento importante en el programa de control de natalidad establecido en 1979 era postergar el momento del casamiento y embarazo de las parejas. Desde 1982 la edad promedio para contraer matrimonio se elevó a más de 20 años en todas las provincias de China. En 1984 la edad legal para el matrimonio aumentó de 18 a 20 años en 1984. La edad recomendada, entretanto, es mayor: 23 para las mujeres de áreas rurales y 25 para las que habitan en zonas urbanas. Según un estudio realizado por el Dr. Zeng Yi, Subdirector del Instituto de Investigaciones Demográficas en la Universidad Beijing, a pesar de que el momento se ha retardado, todavía están intactas ciertas costumbres tradicionales alrededor del matrimonio. Los matrimonios concertados, por ejemplo, fueron declarados ilegales por las Leyes Matrimoniales introducidas en 1950 y enmendadas en 1980; sin embargo, en áreas rurales todavía se practica esta costumbre.

De acuerdo al sondeo de Zeng Yi, las encuestas indican que la participación de los padres en las decisiones relacionadas con el matrimonio ha disminuido (el 50% de las encuestadas de Beijing señalaron que sus padres no participaron en las decisiones vinculadas con sus matrimonios). La ceremonia familiar tradicional persiste, así como también la convivencia del matrimonio con la familia del marido aún luego del casamiento. Según este estudio entre 70 y 85 % de todas las parejas entrevistadas vivieron con sus padres algún tiempo después del matrimonio. Sin embargo, se detecta un ligero aumento de la costumbre de vivir con la familia debido al casamiento a edad más avanzada. Por otro lado, las encuestas indican que la participación de los padres en las decisiones relacionadas con el matrimonio de los hijos ha disminuido.

Según Nancy Riley y Zhen Jian, dos investigadores que participaron en el estudio sobre fecundidad conducido por el Dr. Yi, “lo que parece estar sucediendo en las decisiones matrimoniales en China es que, si bien los padres actualmente no tienen un control absoluto sobre el matrimonio de sus hijos, (como era el caso en generaciones anteriores), los jóvenes tampoco están necesariamente eliminando a sus padres del proceso”. Aunque la independencia de los hijos jóvenes adultos ha venido aumentando en las últimas décadas, en China aparece el fenómeno de la interdependencia reforzada entre los miembros de la familia. A contramano de la tendencia moderna de atomización de la estructura familiar y el progresivo y temprano alejamiento de padres y de hijos, la familia china se concentra actualmente en el núcleo de los progenitores por tiempo prolongado, no sólo porque es más difícil que los hombres logren encontrar a una mujer para que sea su esposa (la escasez produce un gran desequilibrio y faltan novias), sino porque incluso una vez casados la pareja tarda en cambiar de hogar.

Chino soltero busca

En las próximas dos décadas 40 millones de hombres jóvenes chinos no podrán casarse, establecerse o comenzar familias, porque no habrá suficientes esposas para hacerlo, advierte un informe publicado por USA Today, que apunta que el creciente número de hombres solos habitando aisladas aldeas rurales podría implicar una amenaza para el orden social. De acuerdo a un informe realizado por Hudson y Den Boer de la Universidad de Kent y divulgado por la publicación International Security, en el año 2020 China tendrá entre 29 y 33 millones de hombres solteros de entre 15 y 34 años. Otros estiman que en 2020 serán 40 millones los solteros, conocidos en China como guang guan (se trata de un número superior a la actual población femenina de Taiwán y Corea del Sur juntas).

Los solteros serían, de acuerdo al informe, los “perdedores en la competencia social” de China. El gobierno chino está alarmado por la superpoblación de solteros. “Es un índice peligroso”, dijo Ren Yuling, un delegado del Comité Político Consultivo del Pueblo Chino, a China Youth Daily. “Estos números significan que alguna gente nunca satisfará su necesidad de tener una esposa, entonces se mueven a territorios peligrosos”.

Las mujeres chinas se han vuelto más selectivas. Los hombres pobres se quejan de que las mujeres son muy exquisitas. “Antes, eran los hombres quienes elegían mujeres”, dice Liu Xicheng, de 21 años, un empleado residente en Beijing, originario de la provincia de Hebei. “Ahora son las mujeres las que eligen a los hombres. Algunas tienen estándares muy altos. Es muy difícil casarse”. Yang Yudong (22 años), obrero de la construcción en la ciudad industrial de Wuhan, opina que sus posibilidades de casarse son nulas. “Si quieres casarse debes tener dinero”, señala. “El dinero que gano ahora –70 dólares por mes- no es suficiente”, dijo en un reportaje publicado por Usa Today. Este fenómeno deja a los hombres más pobres y menos educados de China en situación de desventaja. Entre los hombres solteros de áreas rurales, por ejemplo, el 97% nunca terminó su educación secundaria y el 40% son analfabetos

A veces la violencia estalla entre los inmigrantes. Los investigadores señalan que la conducta agresiva es común entre hombres jóvenes conviviendo juntos, lejos del contacto con las mujeres y lejos de sus casas. Los inmigrantes son responsabilizados por el aumento de la delincuencia en las ciudades. La revista china Beijing Luntan había anunciado en 1997 que sería “inevitable que ocurran crímenes sexuales como el matrimonio forzado, el tráfico de novias, la bigamia, la prostitución extendida, la violación, el adulterio, la homosexualidad y conductas sexuales desviadas”. La prostitución ya es epidémica en China. El tráfico de novias es común en áreas rurales. Una novia puede ser vendida a aproximadamente 600 dólares en la provincia de Hebei. A veces las novias consiguen escapar.

Según Hudson y Den Boer, el elevado número de hombres solteros ya había afectado a la sociedad china antes. A mediados de 1800, por ejemplo, la rebelión Nien se desató en la provincia de Shandong, donde había 129 hombres por cada 100 mujeres. En aquel tiempo, 25% de los hombres chinos no se había casado nunca porque las niñas ya entonces eran víctimas del infanticidio. Incapaces de encontrar esposas, varios solteros de Shandong se dedicaron al bandidaje y luego lideraron una rebelión contra la reinante Dinastía Qing. Los 100 mil rebeldes Nien controlaron el territorio, con 6 millones de habitantes. Al gobierno le llevó 17 años dominarlos.




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