Según Laborda, los asesinatos clandestinos constituyen meritos militares que no fueron tenidos en cuenta al evaluar su legajo, ya que estos fueron ordenados por sus superiores a través de la cadena de comando y las ejecuciones se realizaron en presencia de los jefes de la unidad en la que él revistaba.

 

09/06/2004
Justicia-Argentina
Confesiones de un militar

Por primera vez un militar argentino confiesa su participación en asesinatos y torturas durante la dictadura militar argentina. El Ejército remitió la confesión a la Justicia argentina. El teniente coronel Guillermo Enrique Bruno Laborda quedó detenido en el campo de Mayo tras su confesión de participar en asesinatos ocurridos en la Guarnición Militar Córdoba durante los años 1977, 1978 y 1979.

El teniente coronel Guillermo Enrique Bruno Laborda confesó su participación en el asesinato de prisioneros durante la dictadura militar argentina. Esta es la primera vez que un militar argentino confiesa su participación en asesinatos y torturas llevadas a cabo en la Guarnición Militar Córdoba durante los años 1977, 1978 y 1979.

El ejército argentino remitió la confesión de Laborda a la Justicia y, a su vez, el teniente coronel quedó detenido en el campo de Mayo. La confesión está en un escrito que presentó el pasado 10 de mayo al jefe de personal del Ejército para pedir que se reconsiderara la decisión de la Junta de Calificación de Oficiales que lo declaró no apto para ascender a coronel.

Según Laborda, los asesinatos clandestinos constituyen meritos militares que no fueron tenidos en cuenta al evaluar su legajo, ya que estos fueron ordenados por sus superiores a través de la cadena de comando y las ejecuciones se realizaron en presencia de los jefes de la unidad en la que él revistaba.

Si bien su declaración identifica a los jefes del Batallón de Comunicaciones de Comando 141 en el momento de los hechos, no identifica a las víctimas, entre ellas una mujer que el día anterior a ser ejecutada había dado a luz. Tampoco en la declaración aclara lo sucedido con el bebé recién nacido. Por otra parte, el teniente coronel afirma que otros oficiales del ejército que participaron en hechos similares fueron ascendidos.

Laborda narra que como cadete participó en la Operación Independencia en Tucumán y que egresó del Colegio Militar en diciembre de 1976. "Al subversivo hay que matarlo, pero no sólo a el, sino también a sus hijos, para que no puedan propagarse" era la consigna que dice haber aprendido de "un entonces admirado y recordado oficial instructor" del Colegio Militar, de quien no da el nombre.

En 1978, Laborda y otro oficial transportaron en una ambulancia a una mujer que el día anterior había dado a luz, desde el Hospital Militar Córdoba hasta el campo de la guarnición. La mujer había sido "condenada muerte debido a su probado accionar en actos de sabotaje en el desarrollo del campeonato mundial de fútbol" de 1978. A su vez, mencionó como "acto de combate", el asesinato de cuatro hombres detenidos, que personal de inteligencia había llevado hasta un camino secundario, próximo a una ruta nacional.

Laborda entiende que esos hechos, entre otros, "enmarcados en un nuevo contexto" podrían ser el motivo por el cual se le negó el ascenso, lo que violaría el principio de equidad contemplado en los reglamentos militares. Esas acciones se produjeron en el contexto de lo que Laborda llama "legítimas ordenes y directivas superiores", cuyo acatamiento era prueba de "lealtad, obediencia y profesionalismo".




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